Por: Héctor Francisco Torres, Gerente General LHH Colombia
El 8 de marzo de 1911, tres años antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, más de un millón de personas se congregaron en diversos lugares de Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, en procura del reconocimiento del derecho al voto femenino y de la reivindicación de las garantías laborales para las mujeres. Hoy, a pesar de los esfuerzos de algunos por banalizar esta fecha, la conmemoración se ha extendido a buena parte del mundo occidental, con menos fuerza de la que amerita el reconocimiento del papel de las mujeres en todos los ámbitos de la acción humana.
En los primeros años del siglo XX, las mujeres rara vez tenían acceso a roles de liderazgo en el ámbito empresarial. Las oportunidades eran especialmente escasas en comparación con los hombres, y restringían a las mujeres a roles tradicionales como los relacionados con la docencia.
Durante la Segunda Guerra Mundial y como resultado del reclutamiento masivo de hombres para las filas de los ejércitos en contienda, las mujeres comenzaron a ocupar cargos hasta entonces limitados a los varones, y de esa época data la icónica figura de Rosie the Riveter con su famoso lema de We Can Do it.
En la década de los 60, con el movimiento feminista ganando impulso, se comenzaron a cuestionar y abordar las inequidades de género en el mundo del trabajo. Aparecieron las primeras normas que buscaban combatir la discriminación de género, abriendo el camino para un mayor acceso de las mujeres a ciertos puestos de liderazgo.
Con el cambio de siglo los avances fueron más notables. Además del aumento en el número de mujeres ocupando posiciones de liderazgo, las organizaciones comenzaron a reconocer la importancia de la diversidad de género en la toma de decisiones y en la mejora del rendimiento empresarial. Afortunadamente la conciencia sobre la importancia de la igualdad de género en el liderazgo ha continuado creciendo; se han implementado programas de diversidad e inclusión, y algunas empresas han establecido metas específicas para aumentar la representación de mujeres en los cargos de alta dirección.
A lo largo de estas once décadas, la humanidad ha visto de todo. Muchas guerras y pocos armisticios; épocas de gran crecimiento económico y de profundas recesiones; surgimiento y quiebra de empresas; avances y retrocesos sociales; en fin, un sinnúmero de eventos que han marcado nuestra historia y, como bien lo recordamos, en 2020 el planeta entero se enfrentó a la presencia simultánea de factores biológicos, sociales y ambientales, cuyo impacto fue mucho más allá de la salud pública. No fue una pandemia, sino una “sindemia” ─ según el antropólogo médico Merrill Singer, que acuñó el término─ que puso a prueba el liderazgo tradicional e hizo evidente la trascendencia del liderazgo femenino en épocas turbulentas.
Cientos de páginas se escribieron en ese entonces, destacando la cordura de Angela Merkel en Alemania, Jacinda Ardern en Nueva Zelanda, Tsai Ing-Wen en Taiwán, Mette Frederiksen en Dinamarca y Sanna Marin en Finlandia, en contraposición con los notorios desaciertos de Donald Trump en los Estados Unidos, Giuseppe Conte en Italia, Jair Bolsonaro en el Brasil, Andrés Manuel López Obrador en México o Boris Johnson en el Reino Unido, en cuanto al manejo de la crisis de salud, económica y social ocasionada por el Covid-19.
Más allá de los afectos o malquerencias que estos gobernantes puedan motivar, emergió con fuerza la sensación de que los países liderados por mujeres estaban en mejores manos. Frente a la pregunta obvia de cuál es el origen de esta percepción, me atrevo a sugerir que la respuesta nos la propuso Kamala Harris en un breve discurso entregado en noviembre de 2020 cuando pronunció una frase que bien resume la esencia del liderazgo femenino: “soñar con ambición, liderar con convicción”.
A pesar de los logros obtenidos en materia de inclusión, aún persisten desafíos, como la brecha salarial de género y la falta de representación equitativa en niveles ejecutivos superiores. Es fundamental reconocer que la evolución del liderazgo femenino ha sido heterogénea en diferentes regiones y sectores, y aún hay trabajo por hacer para lograr una verdadera igualdad de oportunidades en el ámbito empresarial.

Por tercer año consecutivo, LHH reunió a mujeres en puestos de liderazgo para que compartieran sus experiencias con aspirantes a líderes. Estas conversaciones en directo exploraron lo que significa ser una mujer en el lugar de trabajo, tanto hoy como en el futuro. Las ponentes compartieron las experiencias de primera mano que dieron forma a sus carreras y cómo alcanzaron el éxito como líderes.
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