Por: Juan Carlos Linares, Presidente LHH Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala y República Dominicana
El pasado 4 de septiembre celebramos los 30 años de DBM | LHH en Colombia. Fue una noche rodeada de amigos, colegas, clientes y, sobre todo, de gran parte del talento que ha pasado por la compañía en estas tres décadas y que hizo posible llegar a esta celebración.
Este recorrido comenzó gracias a Walter Smith, quien años atrás había sido mi jefe en una organización del sector petrolero. Con él tuve el privilegio de asociarme para solicitar la filial de DBM en Colombia y traer al país los servicios de outplacement. Walter dejó una huella profunda en mí y en la forma en que concibo el liderazgo: siempre poner en el centro a las personas, construir relaciones de confianza y trabajar con disciplina y detalle. Él fue quien dio el primer paso para que este proyecto se convirtiera en realidad.
En estos 30 años he aprendido que la estrategia cambia, que los planes se ajustan, pero que hay principios que no se negocian. En momentos de dificultad —como en la pandemia o al inicio de la operación, cuando el plan de negocios que se había diseñado no funcionó; cuando tocó pedir anticipos con la tarjeta de crédito para pagar la nómina; o cuando se lanza una operación con un concepto nuevo en el país y pasan los días sin contratos—, uno solo se mantiene en pie por la convicción, la perseverancia, la disciplina y la aplicación de unos principios de vida que me han acompañado siempre. No todos los negocios resultan como se espera. Una lección importante ha sido mantener la racionalidad, sin dejarse llevar únicamente por la emoción o la expectativa desmedida. La intuición es valiosa, pero debe estar siempre equilibrada con análisis, prudencia y la capacidad de escuchar y valorar las ideas de los demás.
Al final, lo que me mueve sigue siendo lo mismo: un interés genuino en las personas, la convicción de que un líder debe tener la mirada puesta tanto en la estrategia como en la generación de valor para las personas y la certeza de que el ego no se alimenta de aplausos, sino de la tranquilidad de saber que uno está haciendo lo correcto, y tener la obesesión de alcanzar siempre nuevas metas, no conformarse, pues el camino a la mediocridad pasa por la comodidad.
Las cinco leyes del liderazgo
Más allá de las coyunturas, he procurado guiarme por principios que no cambian. Los llamo mis cinco leyes, y han sido la brújula de mi manera de actuar:
1. Honor: hacer siempre lo correcto
El liderazgo exige tomar decisiones difíciles. En esos momentos, lo único que no se puede negociar es la integridad. Para mí, hacer lo correcto, aunque implique sacrificios, es la base sobre la que se construye la confianza de un equipo y de una organización.
2. Disciplina: desafiar la comodidad
Nada importante se logra sin disciplina. He procurado mantenerme y mantener a los equipos en movimiento, sin caer en la comodidad. La disciplina significa ser constante, comprometerse con los objetivos y tener la determinación de hacer lo que se debe hacer, incluso cuando no es lo más fácil.
3. Coraje: levantarse una y otra vez
En tres décadas he vivido aciertos y errores, momentos de crecimiento y momentos complejos. El coraje ha sido esencial para afrontar los retos con valentía, aprender de la adversidad y volver a intentarlo cada vez que ha sido necesario.
4. Abundancia: prosperar con responsabilidad
La ambición no es negativa cuando se equilibra con la moderación. Creo en la búsqueda de la prosperidad, pero siempre con responsabilidad. Para mí, abundancia significa crecer de manera sostenible, sin perder de vista que el éxito no se mide solo en resultados financieros, sino en el impacto que generamos en las personas y en la sociedad.
5. Generosidad: compartir el éxito
Liderar también es abrir oportunidades para otros. Siempre he procurado que el éxito de la compañía se traduzca en beneficios para las personas, en oportunidades de desarrollo y en apoyar las aspiraciones de quienes nos rodean. La generosidad fortalece a los equipos y multiplica el valor de lo que hacemos.
Estas leyes no surgieron de un manual, sino de la experiencia: de aciertos, equivocaciones y del convencimiento de que liderar no se trata de uno mismo, sino del impacto que se deja en los demás.
Finalmente, esta celebración no es solo un hito para la compañía, es un agradecimiento. A quienes hoy continúan, a quienes en algún momento aportaron su talento y dejaron su huella, a los clientes que han confiado en nosotros durante estos años y a los aliados que nos han acompañado como verdaderos socios estratégicos. Lo que hemos construido es fruto de un esfuerzo colectivo que nos ha permitido consolidarnos como referentes en el mercado.
Treinta años son un punto de reflexión, pero no un cierre. Seguimos adelante con la misma convicción que nos ha acompañado desde el inicio: hacer lo correcto, adaptarnos con disciplina y mantener siempre a las personas en el centro. Y lo haremos manteniéndonos a la vanguardia, incorporando la mejor tecnología, las prácticas más innovadoras y la visión necesaria para responder a un entorno en constante transformación.