Por: María Claudia Jaramillo, Business Consultant Partner
Hace unos días, en Cali, tuvimos un espacio de conversación muy especial durante nuestra Mesa de Sinergia. Allí, junto a líderes de diferentes sectores, exploramos un tema que sigue siendo decisivo para cualquier profesional sin importar su rol: la presencia ejecutiva.
Y algo que surgió rápidamente en la conversación fue una claridad compartida: la presencia ejecutiva no tiene que ver con perfección, poses rígidas o discursos impecables. Va mucho más allá.
Tiene que ver con cómo te perciben, cómo conectas y cómo transmites seguridad desde el primer momento, incluso antes de entrar en la sala.
Ese día reafirmamos una idea que en LHH vemos constantemente en nuestro trabajo con líderes y equipos: la presencia ejecutiva no es un estilo, es una habilidad. Una que se puede desarrollar, fortalecer y aplicar de forma práctica en el día a día.
A partir de allí, la conversación fluyó hacia los cuatro pilares de LHH que la sustentan, que permiten potenciar el impacto profesional y que, bien aplicados, elevan tu credibilidad y tu capacidad de impacto:
La presencia ejecutiva no es un talento reservado para unos pocos. Se aprende, se practica y se fortalece. Y cuando la desarrollas, tu voz pesa más, tus ideas viajan mejor y tus oportunidades se multiplican.
Ese fue el gran consenso del desayuno: la presencia ejecutiva no te hace “más”, te hace más claro, más estratégico y más consciente del impacto que generas.